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miércoles, 3 de junio de 2009

Manipulación y automanipulación en el arte contemporáneo.

El pasado Lunes, en otra (una más) de las grandes conferencias que se están impartiendo en el IV Curso de introducción al Arte Contemporáneo del CENDEAC, el discurso giró sobre el binomio arte-mujer. Se abrió la conferencia alegando que parece haber dos tendecias diferenciadas a la hora de hablar de arte contemporáneo. Por un lado encontramos una grupo de obras que se cuestionan sobre ¿Qué es el arte? y por otro diversos testimonios que se preguntan ¿Quién soy yo?. Esta división me valió para pensar en las diferentes constantes que se están repitiendo a lo largo del curso en facetas aparentemente adversas. Parece haber de esta manera otras dos grandes tendecias que puede guardar relación con la división que se propuso. Una tendencia hegemónica que se caracteriza por la búsqueda de la pureza en todos los campos y una manipulación de todo lo que no entra en sus planes o, mejor dicho, manipulando para que funcionen sus planes; y otra a la contra de esta en la que se observa una actitud más híbrida y en la que aparece la automanipulación para hacer ver todo aquello que la tendencia hegemónica manipula de ellos. Una tendencia esta que se reafirma tanto en el ¿Quién soy yo? como en el ¿Qué es el arte?. El asunto da para pensar bastante.

lunes, 19 de enero de 2009

George Segal: El holocausto.


Tenía diecisiete años cuando vi por vez primera una obra de George Segal. Me pareció curiosa su manera de "esculpir". Su método consiste en cubrir a la gente con yeso a modo de vaciado pero con un sujeto real. Al proceder de esta manera, Segal otorga a sus obras la psicología de sus sujetos. Por otro lado eterniza un momento mediante una carcasa liviana, frágil y mortal. Recuerdo aquella extraña sensación que su obra Holocausto despertaba en mi ignorancia. Esas fantasmagóricas figuras blancas están mucho más vivas que todos lo que las contemplamos.

domingo, 18 de enero de 2009

Tapies

Mi padre derrumbó hace un año un antiguo corral que utilizaba como palomar. Por capricho mio decidí arrancar y quedarme con las viejas puertas de madera calcinada por el sol y el paso del tiempo ya que me recordaban a las obras de Tapies. Bien ubicadas, esas puertas podrían ser readymade y su valor para mi sería mayor que el de una obra de Tapies. Al conservarlas, estoy manteniendo viva mi infancia y juventud en aquel palomar, estoy rememorando todo aquello que me ha llevado a ser como soy.
Tapies dio un golpe más en la crisis de la ventana albertiana al cegarla con un muro. Sólo en tal cegar podíamos ver el mundo. La España del franquismo era una España cegada y uniformada. No querían hacer presente su pasado, tenían un muro delante. A veces hay que volver la mirada atrás para no olvidar quienes somos.
Esas puertas son algo más que simples puertas.