lunes, 26 de enero de 2009

Un día de pesca con Sinclair

Acababan de regalarle una caña de pescar y decidió que podía ser un buen día para estrenarla. Se levantó a las cinco de la mañana como era normal entre los pescadores. Sinclair no había pescado en su vida. Se preparó la caja de complementos con varios plomos, anzuelos, sedal, una navaja, seis latas de cerveza, un trozo de jamón y una barra de pan. Al llegar al lago tomó la decisión de esperar un par de horas más en el coche ya que hacía bastante frio y su cuerpo no le terminaba de acompañar. Entre cabezada y cabezada durmió más de cuatro horas en el coche. En suma eran las doce y media cuando lanzó la caña por vez primera sobre el lago. Había puesto el sedal al revés y le costaba mucho recogerlo cuando no se le anudaba. Sobre las dos del mediodía hubiera pensado que en ese lago no había peces de no ser porque los demás pescadores habían recogido con sus bolsas llenas de truchas. Paró para comerse el jamón y beberse las cervezas. No dejó ni una. Al ponerse el sol todavía no había logrado pescar nada.

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